1 de junio de 2012

Di no a las preguntas personales en las entrevistas de trabajo



¿Alguna vez has ido a una entrevista de trabajo que parecía el "tercer grado"? Apuesto a que sí, y no sólo eso, como entrevistador estoy segura de que también habrás hecho preguntas sobre el estado civil, la dirección o la fecha de nacimiento del candidato que tenías delante. Estamos tan acostumbrados que nos parece lo más normal del mundo. Sin embargo, no tiene por qué serlo.

Hace tiempo que me he cansado de las preguntas personales en las entrevistas de trabajo. No me parece que aporten información relevante o predictiva para el puesto. Más bien son una forma de "desempatar" a candidatos con perfiles prácticamente idénticos usando para ello prejuicios trasnochados, sin pudor alguno. No me extraña que luego no queramos explicar a los candidatos los motivos del descarte, si nos basamos en este tipo de datos personales.

El proceso de selección debería orientarse a evaluar las competencias de las personas y determinar si tiene desarrolladas en el nivel exigido las competencias clave necesarias para un correcto desempeño del puesto. La entrevista es el medio más habitual para conseguir esa información sobre competencias que tanto necesitamos. Otra opción igualmente válida son los test de competencias.

Reconozco que yo también tuve que realizar preguntas personales, a pesar de que va en contra de mis principios, con el consiguiente sinsabor. Y reconozco que muchas veces no cumplí con mi trabajo al no hacer las susodichas preguntas, si es que no conseguía crear el clima adecuado con la persona entrevistada. En lugar de hacer todas las preguntas al principio intentaba intercalarlas y meterlas ("a calzador", todo sea dicho) entre la conversación con el candidato, para que el efecto no fuera tan invasivo.

Ahora comprendo que, lo mire por donde lo mire, no tenía justificación para hacerlas. Puedo decir que estaba obligada por política de empresa, que mi trabajo consistía en rellenar todos aquellos datos, personales o no, que sólo "obedecía órdenes", bla,  bla,  bla... Pero la verdad es que no tenía valor para posicionarme y declarar abiertamente: "No voy a hacer preguntas personales". No sé qué habría pasado de haberlo hecho.

Así que de ahora en adelante digo NO  a las preguntas personales en las entrevistas. Porque creo que lo que determina si una persona va a desempeñar bien su trabajo son sus competencias.

Porque creo que la capacidad de compromiso de una persona con el proyecto que se le presenta no se puede predecir a partir de su estado civil, nº de hijos o ausencia de ellos, y otros datos personales. El compromiso de la persona está determinado por la alineación de sus valores con los valores de la empresa.

Y por eso creo que para seleccionar a una persona que se comprometa con la empresa, hay que darle al candidato información suficiente como para que pueda decidir si sus valores están alineados y si le interesa el proyecto. Tras la alineación el compromiso viene casi automáticamente. La vida privada de una persona no tiene por qué influir negativamente en su trabajo, siempre y cuando el trabajo no sea una fuente de malestar por la falta de sensibilidad hacia sus necesidades como persona.

Estamos en un mercado saturado de profesionales deseosos de trabajar, peleando por un mismo puesto de trabajo. Pero eso no nos da derecho a las empresas a someter a las personas a pruebas innecesarias o a preguntas irrelevantes que atentan contra su derecho a la intimidad. Por otro lado, los candidatos pasan por el aro con tal de tener la oportunidad de ser valorados para el proceso de selección. "No voy a ser el único que no contesta esas preguntas, si todos los demás lo hacen". Recuerda cuando tu madre te decía "Y si tu amigo Paco se tira por un puente, ¿tú también te tiras?" y reflexiona...

Los dos argumentos habituales para justificar las preguntas personales son:
  • Comprobar si encajas en la cultura de la empresa.
  • Romper el hielo.

Entonces, ¿qué digo cuando me hagan una pregunta que no quiero responder? Muy fácil: con tu mejor sonrisa di que ese dato es irrelevante para el puesto y que prefieres no contestar en esta fase del proceso de selección. ¿Y si te descartan por eso? Pues no sé si te interesaría mucho trabajar en la empresa, entonces.

Y siempre habrá a quien no le moleste. Así que si te sientes cómodo respondiendo a las preguntas, sé natural y contesta si quieres. Lo respeto, aunque sólo te recuerdo que te expones a que te juzguen por aspectos no profesionales, ¿de verdad quieres eso? Al final es una cuestión de valores, si crees que el fin justifica los medios. En mi caso no, para mí el fin nunca justifica los medios.

Y para que sirva de ejemplo, he aquí la lista de preguntas que he respondido si juntamos muchas de las entrevistas de trabajo a las que he acudido como candidata. Lo peor es que yo también he hecho muchas de estas como entrevistadora. Desde aquí pido perdón a las personas que interrogué injustificadamente.

- ¿Estás soltera o casada?
- ¿Tienes hijos?
- ¿Cuántos hijos tienes?
- ¿Qué edades tienen tus hijos?
- ¿Tu marido trabaja?
- ¿A qué se dedica?
- ¿Dónde trabaja?
- ¿Tu padre trabaja?
- ¿A qué se dedica?
- ¿Cuántos hermanos sois?
- ¿Qué lugar ocupas tú?
- ¿Tu hermano trabaja?
- ¿A qué se dedica?
- ¿Te interesa el horario?
- ¿Cómo te vas a organizar (refiriéndose a los hijos)?
- ¿Tu madre no trabaja?

Os animo a que me dejéis un mensaje diciendo si decís NO o SÍ a las preguntas personales en las entrevistas de trabajo. Si queréis podéis también contar si os habéis negado alguna vez a contestar preguntas personales y cómo reaccionó la persona que os entrevistaba, y también podríais compartir alguna de esas preguntas.

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